De la brevedad de la vida
Lucio Anneo Séneca

Espiritualidad , Filosofía

De la brevedad de la vida

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Ensayo disponible en Español


Con la frase «el espacio que vivimos no es vida sino tiempo», Séneca nos introduce de lleno en la filosofía de la vida, en el hecho de vivir, en la brevedad de ese espacio de tiempo que se nos concede. Pero en ese espacio, que es exiguo ...

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De la brevedad de la vida - Lucio Anneo Séneca


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Nombre: De la brevedad de la vida


Escrito por: Lucio Anneo Séneca

Tipo de documento: EPUB   

Tipo: No Ficción

Género: Ensayo

Temas: Espiritualidad , Filosofía

Número de páginas: 43

Idioma del fichero: Español

Año de publicación: 55

Contiene anotaciones



SINOPSIS:

Con la frase «el espacio que vivimos no es vida sino tiempo», Séneca nos introduce de lleno en la filosofía de la vida, en el hecho de vivir, en la brevedad de ese espacio de tiempo que se nos concede. Pero en ese espacio, que es exiguo, debemos, nos dice el filósofo latino, aprender a vivir y a morir, cosa que no es fácil, afirma también. Al parecer, sigue diciendo el maestro, algunos grandes hombres que han existido, a pesar de renunciar, abandonar y desprenderse de todo aquello que les servía de rémora, como las riquezas, empleos y placeres, para aprender a vivir, muchos de ellos dejaron este mundo confesando que no lo consiguieron.

Según Séneca «la brevedad de la vida» es solo para aquellos que la malgastan con actividades múltiples y distintas del estudio de la filosofía. Estos desconocen el valor del tiempo, el pasado no lo controlan, el presente se les va de las manos y tienen pánico al futuro, es decir, solo los filósofos son los que han entendido y han aprendido a valorar el tiempo en sus tres momentos y han aprendido a vivir y a morir, por lo tanto solo el sabio es el único capaz de disfrutar íntegramente de la vida.

CITAS:
  • No tenemos escaso tiempo, sino que perdemos mucho. Nuestra vida es suficientemente larga y se nos ha dado en abundancia para la realización de las más altas empresas, si se invierte bien toda entera; pero en cuanto se disipa a través del lujo y la apatía, en cuanto no se dedica a nada bueno, cuando por fin nos reclama nuestro último trance nos percatamos de que ya ha transcurrido la vida que no comprendimos que corría.
  • Todo el mundo acelera su vida y se esfuerza por su ansia del futuro, por su hastío del presente. Por el contrario, el que no deja ningún momento sin dedicarlo a sus intereses, el que organiza todos sus días como si fueran el último, ni ansía el mañana ni lo teme. ¿Qué placer nuevo puede ya reportarle una hora? Todo le es conocido, todo experimentado hasta la saciedad. De lo demás, que la suerte disponga como quiera: su vida está ya a salvo. Se le puede añadir algo, quitarle nada, y añadírselo tal como a un hombre ya ahíto y lleno algo de comida que tampoco desea y lo toma.
  • A vivir hay que aprender durante toda la vida y, cosa que quizá te extrañe más, durante toda la vida hay que aprender a morir. Tantos grandísimos hombres, abandonando toda impedimenta, una vez que habían renunciado a las riquezas, a los cargos, a los placeres, hasta sus últimos instantes sólo hicieron esto: ir sabiendo vivir; los más de ellos, sin embargo, se marcharon de la vida tras reconocer que aún no sabían: cuánto menos sabrán ésos. Créeme, es propio del hombre eminente y que está por encima de los extravíos humanos no dejar que le quiten nada de su tiempo, y su vida...


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